Familia: Estrés Infantil

¿Cómo se representa el estrés en los niños? ¿Cuáles son sus motivos principales? ¿De qué factores depende su nivel de intensidad? ¿Cuáles son los síntomas más comunes y las recomendaciones de ayuda para los padres?


El estrés infantil se define como un conjunto de reacciones biológicas y psicológicas, que se producen frente situaciones que el niño no puede controlar. La infancia es un período que se caracteriza por cambios y adaptaciones, siendo precisamente estos factores los que producen ansiedad y tensión, llevándolos a comportarse inadecuadamente alterando su equilibrio emocional.


¿Cuáles son los principales motivos de estrés en los niños?


- Ámbito Familiar: Divorcio o separación de los padres, duelo de uno o ambas partes, maltrato físico por parte de los tutores, abusos sexuales en el hogar o el nacimiento de un nuevo integrante en la familia.

- Ámbito Escolar: El cambio de nivel escolar afecta su rendimiento académico siendo más notable en los niños que en las niñas, un examen en el colegio, hablar en público u olvidar hacer una tarea o trabajo, ser molestado por niños mayores, terminar sus trabajos más tarde que los demás, ser ridiculizado en clase, cambiarse de salón o escuela, llegar tarde al colegio.

- Ámbito Social: El ritmo de vida acelerado y cambiante, asistir al dentista o al hospital, romper o perder cosas, ser diferente a sus compañeros (en algún aspecto).


¿De qué factores depende el nivel de intensidad en las reacciones?


- Estímulos y frecuencia de los eventos que están estresando al niño.

- Percepción y consecuencias que tiene el niño ante estos efectos.

- Capacidad de afrontamiento o autocontrol frente a factores estresantes.

- Impacto que tiene sobre su desempeño escolar, relaciones sociales, familiares, salud física y emocional.



¿Qué síntomas comunes son indicadores de estrés infantil?


Un alto nivel de sensibilidad, baja autoestima, preocupaciones innecesarias, tristeza, ansiedad e indiferencia. Tendencia a postergar los deberes, actitud despistada, bajo rendimiento escolar, poca confianza en sí mismos. Pueden ser exigentes y desafiantes, su temperamento se exalta con facilidad, carácter irritable, molestan a otros niños. Desarrollo de síntomas depresivos, miedo a estar solo, dependencia hacia sus padres, puede presentar regresiones (comportamientos típicos de etapas anteriores del desarrollo). Existe la tendencia a la sumisión o al contrario, a un comportamiento agresivo en la mayoría de los casos muy notable.


Frecuentemente recurren al llanto sin causa alguna, sudoración constante en las palmas de las manos, pérdida de cabello, costumbre de morder las uñas y presentar perturbaciones del sueño (pesadillas, insomnio, sudor excesivo o mojar la cama). Disminución del apetito o cambios en los hábitos alimentarios, dolores de cabeza o de estómago recurrentes, algunas veces pueden incluso orinarse en público.


¿Cuáles son las recomendaciones para los padres en estos casos?


Demostrarle al niño que está seguro en casa, en confianza. Ser tolerantes y escucharlo sin criticar, esto provoca que el niño sea más comunicativo y pueda expresar con libertad sus sentimientos, preocupaciones y miedos. Ayudar a que su autoestima aumente y se fortalezca a través de la demostración de amor incondicional, participando juntos en algunas actividades que lo hagan sentir feliz.


Si los signos de estrés no disminuyen o desaparecen en un período prolongado de tiempo, es momento de buscar asesoramiento psicológico profesional. El terapeuta realizará las pruebas pertinentes para determinar el grado de estrés en el niño, la causa real y la mejor opción de tratamiento. Para mayor información, enviar consulta vía inbox.