Familia: Trastornos alimenticios

¿Qué son los trastornos alimenticios? ¿Cuáles son sus posibles causas? ¿Cómo se define la dismorfofobia? ¿Qué tipo de tratamientos existen?


Los trastornos de la alimentación son alteraciones psicológicas que conllevan a la preocupación excesiva por el peso y la figura corporal. La mayoría de las veces se desarrollan junto a un trastorno dismórfico corporal (dismorfofobia), que consiste en una ansiedad excesiva e inquietud fuera de lo normal por algún defecto físico, ya sea real o imaginario.


Las personas que padecen algún desorden de este tipo dan importancia obsesiva a los alimentos, al peso y la imagen corporal, alrededor de los cuales giran todos sus pensamientos, problemas y su vida en general.


Actualmente se han detectado una gran cantidad de variantes causales, tanto emocionales como disfunciones orgánicas, que se combinan para la aparición y desarrollo de estos padecimientos. Se presentan por igual en hombres y mujeres, en un amplio rango de edades, siendo un promedio de inicio desde los 8 años, hasta la edad adulta, por algunos traumas mal resueltos rumbo a los 40 años aproximadamente. El género femenino, es mucho más propenso debido a las altas exigencias sociales y los posibles abusos constantes.



En realidad no se trata de sucesos aislados, sino que intervienen múltiples factores personales, familiares y sociales. Muchas veces, esta obsesión va acompañada de baja autoestima, constantes comparaciones (propias o externas), episodios traumáticos (abuso social o sexual), soledad, abandono, rechazo, fobia social, críticas destructivas (propias o externas), la influencia de los medios de comunicación (estándar de belleza), temor a comer, fobia a subir de peso o por el contrario, miedo a ser atractivo o estar delgado.


Las personas con estos trastornos pierden el sentido de la realidad, se someten a dietas rigurosas o ejercicio excesivo que puede poner en peligro su vida. Sus principales señales son comer raciones extremadamente pequeñas o a la inversa, atracones de comida excesivos.



¿Cuáles son los trastornos alimenticios más frecuentes?


- Anorexia nerviosa: Se caracteriza por el miedo intenso a subir de peso, realizando dietas altamente restrictivas. Se presenta mayormente en mujeres, que consumen muy poca cantidad de alimentos diarios. Estudios recientes demuestran las alteraciones neurológicas que anulan la necesidad de comer, ya que en estos pacientes, la estimulación normal del apetito en el cerebro, puede estar invertida y no es regulada por el hipotálamo. Este trastorno se manifiesta por un 15% debajo de su peso corporal normal y requiere tratamiento médico para su recuperación.


- Bulimia nerviosa: Tendencia a los atracones excesivos de comida en periodos cortos de tiempo, seguidos de conductas compensatorias, como recurrir a la purga o al vómito autoinducido. Generalmente la persona está cerca de su peso corporal ideal, pero aún así presenta conductas alimentarias de riesgo. Existen diversos factores sociales, afectando mayormente a mujeres jóvenes, que influyen en la aparición y mantenimiento de este padecimiento. Es necesario un tratamiento farmacológico y terapéutico, de forma integral.


- Comedor compulsivo: La hiperalimentación se refiere a la ingesta desproporcional de alimentos como compensación emocional. Estos excesos están en relación a la recuperación de energía que la persona cree necesitar para mejorar su estado anímico. El hambre aparece en forma de urgencia, con una alta necesidad de saciedad al instante. Se puede comer aún sin hambre, por impulsos emocionales. Esta pérdida de autocontrol no permite dejar de comer por decisión propia, lo cual desarrolla serias consecuencias como la obesidad, la diabetes, la hipertensión y otras enfermedades cardíacas.


- Comedor selectivo: Adicción exclusiva a menos de 10 alimentos, durante un mínimo de 3 años. Comúnmente desarrollan dependencia a los carbohidratos, para estimular la producción química de “serotonina” en el cerebro y mejorar los estados de ánimo. Se caracteriza por una nutrición muy limitada y una dieta sin variedad de alimentos. Esta patología comienza en la niñez y generalmente, el rechazo dependerá de determinadas texturas o colores, sin tomar en cuenta el tema del sabor.


- Ortorexia: Obsesión patológica por los alimentos que la persona considera "alimentación orgánica". Evita las grasas, el gluten, las proteínas y algunas vitaminas básicas para el organismo. Paradójicamente, su afán por "comer sano" lo lleva a una mala nutrición y problemas de anemia.


- Permarexia: La persona cree que todo lo que se ingiere engorda, por lo cual, desarrolla una obsesión por leer las etiquetas nutricionales de todos los productos, antes de comprar o consumir. Así como contar insistentemente las calorías de todos los alimentos.


- Seudorexia: La "pica" se caracteriza por el deseo irresistible de ingerir sustancias sin valor nutritivo, de forma compulsiva. Algunas de estas sustancias podrían ser papel, tierra, yeso, algodón, carbón o ceniza, entre muchos otros.


- Potomanía: Compulsión por beber gran cantidad de líquido, más de 4 litros al día, para obtener sensación de placer y saciedad. A consecuencia, la dilución de potasio y sodio en la sangre producen síntomas como calambres musculares, fatiga, náuseas, cefaleas, somnolencia, pérdida de agilidad mental e incluso, parálisis corporal.


- Megarexia: Se presenta en personas con problemas de obesidad, que se perciben a sí mismas como saludables y delgadas. Se le conoce también como fatorexia y su aparición es más común en hombres. Para negar el exceso de sobrepeso, se realiza una interpretación errónea del IMC (índice de masa corporal), argumentando que el peso es correcto y sano, a pesar de que la báscula indique lo contrario. La persona que lo padece, no reconoce su propio cuerpo en el espejo. Al presentar esta dismorfofobia, los riesgos de salud son altos.


- Ebriorexia: Restricción alimenticia para compensar el consumo de calorías que proporciona el exceso de bebidas alcohólicas. Se puede combinar con el uso de drogas o sustancias inhibidoras del hambre. Afecta mayormente a las mujeres, por la presión de mantener la estética corporal y la capacidad de ingesta limitada, que a causa de los excesos de alcohol, acelera el deterioro del hígado y aumenta en un 60% la probabilidad de sufrir cardiopatías.


- Sadorexia: Se conoce como el trastorno de la dieta del dolor. Va acompañado por los trastornos de bulimia y anorexia, pero con episodios de auto-maltrato corporal y dietas masoquistas. Utiliza el dolor de las autolesiones para superar la ansiedad de comer o como un castigo al no cumplir las expectativas de restricción deseadas. Se considera uno de los más graves y mortales.


- Comedor nocturno: Presenta un patrón de conducta en el cual se ingiere una gran cantidad de comida calórica después de cenar o incluso despertándose durante la noche. Se consume más del 25% del total de las calorías requeridas. A lo largo del día, puede comer poco o nada, pero al llegar la noche se presenta la hiperfagia nocturna. Sus consecuencias más relevantes son el sobrepeso, trastornos del sueño y una fuerte descompensación nutricional.


- Diabulimia: Obsesión por adelgazar en personas diabéticas, evitando las inyecciones de insulina para bajar de peso, tomando un alto riesgo mortal.


- Pregorexia: Aparece en mujeres embarazadas a las que les horroriza engordar. Suelen hacer dietas muy estrictas, incrementar la actividad física a un nivel excesivo, usar laxantes regularmente o inducir al vómito durante la gestación, lo cual es muy peligroso. Suele aparecer después del primer trimestre deteriorando la autoestima de la madre, en combinación de cuadros de ansiedad o depresión. Esta patología tiene devastadoras consecuencias y puede poner en riesgo la vida del bebé.


- Vigorexia: Adicción al ejercicio y obsesión por el tamaño de los músculos, a la que se suma una visión distorsionada de sí mismos. Este trastorno se combina con la ingesta elevada de proteínas y carbohidratos, así como el consumo abusivo de esteroides anabólicos para aumentar la masa muscular. Conocido como “Complejo de Adonis” presenta el constante riesgo de sufrir lesiones musculares, disfunciones orgánicas y distorsión sobre la imagen corporal. Es altamente peligroso y puede ser mortal.



Hasta cierto punto, es normal considerar esencial el cuidado de la salud o desear una buena imagen corporal. Esto no implica necesariamente que la persona padezca un trastorno psicológico, pero los rangos normales no deben alcanzar el exceso de la preocupación.


Es importante mantener una buena calidad de vida en general, con una alimentación nutritiva y ejercicio saludable. El bienestar es integral y demanda una positiva conexión entre “mente-cuerpo”. Si uno de estos conceptos presenta dificultades o disfunciones, el equilibrio se descompensa y da lugar a malestares, enfermedades o riesgos en la salud.



¿Cuál podría ser el tipo de tratamiento para estos casos?


Cada uno de los trastornos se presenta acompañado de diferentes síntomas, pero todos tienen en común, que comienzan con una preocupación excesiva y angustia paralizante por el tema de la apariencia física. Cuanto antes se detecten, mejor resultado brindará el tratamiento.


Los principales factores desencadenantes de estos trastornos son de tipo cultural, social y educativo. Por ello, parte del tratamiento se debe enfocar a modificar algunas conductas y mejorar la perspectiva de auto-concepto que tienen los pacientes.


Es fundamental conocer a fondo las causas emocionales que provocan estos padecimientos y trabajar en una re-estructuración cognitiva, que permita descubrir nuevas formas de auto-aceptación y pueda brindar una guía saludable. En todos los casos, se requiere un tratamiento multidisciplinario, que integre en terapia aspectos médicos, farmacológicos, psicológicos y una buena orientación en nutrición. Para mayor información, enviar consulta vía inbox.