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Sexualidad: ¿Sexo con robots?

  • 27 nov 2020
  • 3 Min. de lectura

Actualizado: 21 feb 2025

¿Qué es la digisexualidad? ¿Existe la tecnología vinculada al placer sexual? ¿Cuáles podrían ser los beneficios o riesgos a futuro de éstas prácticas?


Hoy en día, la tecnología sexual forma parte importante en la búsqueda de placer para algunas personas. La digisexualidad es la nueva tendencia a vincularse de forma sexual, erótica o afectiva con robots, hologramas, juguetes de inteligencia artificial u objetos tecnológicos, al igual que mantener intimidad a través de una plataforma digital o experimentar la pornografía desde una realidad virtual, como medios de satisfacción sexual.


Estas dinámicas pueden surgir en 'modo solitario' o como prácticas en pareja. Algunas veces se utilizan para suplir el contacto real, ocultando un profundo miedo a la intimidad, al rechazo, al aburrimiento o a la pérdida de interés en las relaciones sexo-afectivas, entre otros. Según sea el caso, existen factores que podrían convertir estas prácticas en una adicción o una condición para la excitación, sin la cual no se lograría una funcionalidad exitosa.



Los usuarios que comparten esta preferencia tecnológica, conocen las diferentes opciones en base a los gustos personales. Una de las consideradas más atractiva, es el 'sexo con robots'. Quienes lo practican, afirman sentirse fuertemente atraídos, con mayor frecuencia hacia robots de características humanoides, por lo cual los convierten en su única fuente de placer y en ocasiones, hasta se enamoran de ellos.


Generalmente, las personas que conforman este grupo solo han experimentado su sexualidad de forma solitaria, carecen de contacto afectivo frecuente y sostienen la idea de no tener interés en el sexo con humanos. La alta demanda de estos muñecos tecnológicos ha logrado que incluso, en algunas partes del mundo tengan sus propias redes sociales o lugares específicos de contacto. Además, se espera que en los próximos años se normalice la convivencia con robots en entornos sociales.



Sin embargo, las opiniones profesionales se dividen en la presente era digital. Mientras una mayoría puede estar en contra de ciertos usos tecnológicos, algunos otros aseguran que la compañía de seres artificiales puede ser beneficiosa para algunos estilos de vida. Lo consideran un consuelo temporal para quienes enfrentan pérdidas afectivas significativas, para quienes viven en soledad, enfrentan una compleja enfermedad o han perdido algún miembro del cuerpo, por mencionar algunos ejemplos.



¿Cuáles son los riesgos posibles al desarrollar una adicción a estas tecnologías?


Definitivamente, lo más preocupante sería el aislamiento social, la falta de autocuidado y la pérdida de emocionalidad humana. Las expectativas de permanencia y aceptación en la sociedad actual, dependerán de dos factores importantes. En primer lugar, la velocidad de los avances tecnológicos, y en segundo, el estudio de los cambios en el comportamiento e interacción humana, no solo por la carencia de habilidades sociales a futuro, si no por la falta de tiempo, interés y empatía con los demás. Sería predecible desarrollar una exaltación extrema de egocentrismo, nula tolerancia a la frustración y alteración de los mecanismos defensivos.


Además, es necesario regular las leyes de consumo para evitar los giros oscuros que se puedan desenfrenar como consecuencia. Entre ellos las problemáticas sociales que apuntan a temas sensibles como promover la soledad, la pederastia o la violencia de género. Definitivamente, es importante profundizar en un estudio previo para descartar la posibilidad de que un refugio sexual virtual, con una amplia diversidad de gustos, pueda aumentar el porcentaje de los casos reales de abusos, ante la incapacidad de mantener relaciones sexuales sanas con otra persona, la explotación de los más vulnerables o la necesidad por condiciones precarias, en particular.


Por último, no es posible descartar sin un análisis previo, la idea de que sustituir a una persona por un robot pueda ser muy perjudicial al paso del tiempo. Es básica la prevención de nuevos trastornos mentales, la detección de riesgos, la evaluación del progreso de disfunciones sociales y el estudio de las posibles consecuencias, como podrían ser la desintegración del auto-control, el desinterés por las relaciones afectivas, la dependencia química-tecnológica, las depresiones crónicas a causa de posibles vacíos existenciales, la pérdida de perspectiva en limitaciones reales, la ansiedad por costumbre a la inmediatez, el aumento o disminución de caprichos sexuales, el nivel resistencia a la abstinencia, entre muchos otros puntos aún por debatir y demostrar científicamente.


Si bien, la tecnología avanza más rápido que los posibles estudios de sus consecuencias, el tiempo permitirá evaluar a profundidad los reales riesgos y beneficios. Para mayor información, enviar consultas vía inbox.





 
 
 

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