Neurociencia: ¿Adicción a la adrenalina?

La neurociencia es el conjunto de especialidades científicas que se dedican al estudio integral del sistema nervioso, con la finalidad de comprender las funciones, estructura y otros aspectos del cerebro, para explicar las características de la conducta y los procesos cognitivos.


Cada una de sus disciplinas se especializa en desarrollar investigaciones sobre la química cerebral y sus principales sistemas de neurotransmisores. Su principal objetivo a nivel general, es comprender cómo actúa la mente desde una perspectiva saludable, hasta el descubrimiento de anomalías funcionales, como enfermedades psiquiátricas o trastornos neurológicos.


Actualmente, sus avances permiten conocer más a fondo sobre los patrones de comportamiento humano y los posibles trastornos mentales existentes, a pesar de que algunos son invisibles a simple vista. Su desarrollo brinda también la oportunidad de aprender sobre la química cerebral y la función vital de sus hormonas, siendo así una fuente de apoyo científico para mejorar los tratamientos y sus resultados.


¿Puede un neurotransmisor afectar los procesos cognitivos?


Definitivamente, una alteración de hormonas puede provocar cambios evidentes o desarrollar diversas patologías, ya que influyen en cada proceso de pensamiento-emoción-conducta.



Uno de los neurotransmisores más conocidos por sus efectos, es la adrenalina.​ Esta hormona, también conocida en su forma sintética como epinefrina, participa en la reacción de lucha o huída, incrementando la frecuencia cardíaca y contracción los vasos sanguíneos. Es segregada naturalmente por las glándulas suprarrenales ante situaciones de amenaza, peligro o alerta.


Su vida activa promedio en el organismo es de dos minutos, pero sus efectos pueden durar hasta una hora. Su producción estimula la liberación de dopamina, sustancia química que induce a la sensación de bienestar. Por esta razón, algunas personas crean su propia tendencia a realizar conductas peligrosas y excitantes de forma habitual, ya que lo consideran una necesidad para sentirse bien. Esta dependencia a la adrenalina desencadena con el tiempo la tolerancia a la misma, por lo cual la exposición suele ser cada vez mayor, a nuevas experiencias ligadas a la sobreproducción de esta hormona.


El Síndrome de Pontius describe a detalle esta pérdida de percepción del peligro. Esta alteración provoca que las personas afectadas pierdan completamente el miedo a los riesgos, que presenten una falta de control sobre su conducta y una necesidad compulsiva a las actividades extremas, aún si ponen en peligro la supervivencia. La constante exposición al riesgo alivia o reduce su nivel de frustración, rabia o malestares. Esto los convierte en adictos a la adrenalina.



Las posibles repercusiones que este padecimiento puede ocasionar se presentan en diferentes ámbitos. A nivel personal, los altos niveles de adrenalina tienen efectos sobre el organismo, su intensidad y constancia pueden derivar en problemas cardíacos, visión borrosa, hipertensión e hiperglucemia. En términos psicológicos provoca inquietud, estrés y ansiedad a largo plazo, así como insomnio, irritabilidad y nerviosismo. En el área laboral puede causar accidentes, dificultades para tomar decisiones y responsabilidades, conflictos con la autoridad, superiores o compañeros. A nivel social y familiar, depende de los niveles de riesgo y consecuencias provocadas a terceros.



Existen distintos tipos de tratamiento farmacológico para disminuir la sintomatología. A su vez, es necesario el apoyo terapéutico profesional para una reestructuración cognitiva y modificación de patrones conductuales desadaptativos. Para mayor información, enviar consulta vía inbox.