Autoestima: Obsesión por las cirugías estéticas
- 5 nov 2019
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Actualizado: 18 jun
¿Alguna vez has deseado cambiar alguna de tus características físicas? ¿Conoces a alguien que justifica frecuentemente su obsesión por la estética, sin medir los riesgos? Un tema profundo, con datos relevantes para compartir...
Desde un punto de vista profesional, el objetivo no es exponer puntos a favor o en contra de las cirugías estéticas. Si no motivar a la reflexión sobre la actual búsqueda de perfección que exige el culto al cuerpo. ¿Será posible obsesionarse con los arreglos estéticos? ¿Cómo afecta a la autoestima, creer en un solo patrón de belleza como ideal? ¿Por qué de pronto una persona renuncia a sí misma para convertirse en otra?
La autoestima se define comúnmente como la valoración general que una persona tiene de sí misma. Cuando esta percepción es negativa, puede derivar en un nivel bajo de amor propio y a su vez, experimentar ciertas consecuencias.
Una de las principales es la obsesión estética, que comienza por enfocar una gran importancia al aspecto físico y con el tiempo, se mantiene al realizar varias cirugías para cambiarlo, considerando los propios rasgos como altamente desagradables y sin saber que esto puede alimentar aún más la inseguridad personal.
Existen también casos extremos, donde la admiración obsesiva por otras personas, se convierte en un fuerte deseo de transformar su físico para parecerse a ellos (en su mayoría a personajes famosos). Una autoestima inestable por experiencias pasadas dolorosas y un egocéntrico estilo de vida como resultado, suelen ser la causa principal.

Actualmente, para algunas personas acudir al cirujano plástico es un proceso rutinario. La creencia de que la aceptación social, el amor de pareja y el auto-concepto mejorarán cuando esto suceda, motiva sus expectativas para hacerlo una y otra vez. Puede ser fácil pensar que sólo se busca el reconocimiento y la vanidad, pero en realidad es un tema más profundo.
Además del posible riesgo a la salud, existe la probabilidad de la insatisfacción crónica (nunca es suficiente), como detonante de adicción a las cirugías o arreglos estéticos. Muchas veces al no obtener los resultados esperados, nace una nueva creencia de carencia, que buscará corregir otro detalle y así repetir el proceso varias veces, sin obtener la satisfacción de sus expectativas.

Un dato relevante, es que muchas personas recurren a estos procedimientos después de un abandono afectivo, una traición inesperada, un miedo intenso hacia un nuevo rechazo o por la constante presión que generan las relaciones de pareja destructivas.
Lamentablemente, en estos casos se alimenta la creencia errónea, de que la culpa de los problemas se centra únicamente en la atracción física que creen carecer o que temen perder. Por lo cual, tienden a idealizar que solo con las cirugías mejorará su autoestima y su vida en general. Sin embargo, si esto no sucede como planeaban, confrontar la realidad causará más dolor, insatisfacción e inseguridad personal.
Otro dato a destacar, es que el género femenino es mayormente atacado respecto al tema de los "ideales físicos" . Esta presión social comienza desde la infancia en los medios de publicidad, las costumbres culturales y las expectativas de género.

¿Dónde nace esta obsesión por la imagen corporal?
Mostrar preocupación excesiva por un defecto corporal mínimo o inventado, puede ser síntoma de dismorfofobia (Trastorno Dismórfico Corporal). El TDC es una afección de salud mental que se caracteriza por la obsesión con la apariencia física y la distorsión de la propia imagen, causando un sufrimiento intenso que interfiere con la rutina diaria. Sus consecuencias pueden ser el aislamiento, depresión, baja autoestima, rendimiento mínimo y deterioro en la calidad de vida.
Este trastorno tiene mayor incidencia en la adolescencia y la mayoría de los casos se hacen evidentes entre los 15 - 18 años. Actualmente, el número de adolescentes afectadas es alarmante y con el tiempo, aumenta la cantidad pero disminuye la edad. Desde los 12 años comienzan a someterse a cirugías estéticas para cambiar aspectos físicos que les molestan, en lugar de aprender a aceptarse y desarrollar una seguridad personal independiente de su apariencia física. Existen también casos de personas adultas que al no superar adecuadamente esta situación, recurren a nuevas operaciones para escapar de la confrontación emocional.
Algunas estimaciones médicas muestran que las quejas estéticas más recurrentes, se centran en la forma de la nariz, abdomen, mandíbula, senos, piernas, glúteos y genitales. Siendo mayor la demanda por parte de mujeres insatisfechas, pero también van en aumento las altas exigencias, la inseguridad personal y la sensación de necesidad en el género masculino.

Es normal que todo ser humano se preocupe un poco por la imagen que proyecta, sin embargo, resulta preocupante cuando esta conducta se vuelve obsesiva y autodestructiva, por lo que se recurre a numerosos tratamientos de embellecimiento, dietas peligrosas o cirujanos plásticos, sin importar los riegos o consecuencias.
Las causas de esta situación son múltiples, pero muchos pacientes comparten un historial de experiencias negativas, sufrimiento por burlas, señalamientos a su cuerpo durante la infancia o comentarios críticos de personas cercanas. A todo esto, se suman las dudas características de la juventud, por las imágenes estereotipadas y alteradas en los medios de comunicación.
Las personas que padecen este trastorno suelen ser perfeccionistas, tímidas, ansiosas, muy sensibles al rechazo y con un intenso sentimiento de angustia e inferioridad. Es importante realizar una detección oportuna y recibir apoyo profesional para prevenir la evolución de algunas condiciones asociadas como son la depresión o posibles trastornos alimenticios.

¿Es la cirugía estética la única solución a la inconformidad?
No. Existen diversas opciones para aprender a creer en uno mismo a pesar de cualquier circunstancia y fomentar la autoestima como herramienta poderosa. La sociedad exigente siempre tendrá una nueva crítica, una nueva causal de dolor y una nueva moda, así que tratar de ser siempre el mejor no es una solución pacífica.
Cuando las exigencias hacia el cuerpo son muy altas, naturalmente se producirá un desbalance en la mente. Sin embargo, trabajar interiormente los pensamientos y las emociones, definitivamente serán la fortaleza que nunca pasará de moda. Se requiere el mismo esfuerzo para buscar la aceptación externa, que para buscar internamente el amor propio.
En general, las cirugías plásticas intentan realizar en el cuerpo los arreglos que no se hacen en la mente, ya que es donde realmente se guarda la historia de nuestra vida, los miedos, los gustos, las frustraciones y los logros. La mente consciente integra esta representación subjetiva de uno mismo, la cual podemos aceptar o rechazar, pero es necesario aprender a vivir con ello de la forma más favorecedora y saludable.
En caso de buscar ser candidato para una cirugía estética, es recomendable que el paciente sea evaluado previamente por especialistas de la salud, para determinar las condiciones, riesgos y tratamientos más adecuados.
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